Pedro Mendoza
Pedro Mendoza | ACTUALIZADO 15.12.2013 - 6:02 pm
Confieso que cuando el doctor Vinicio Castillo Semán dijo que la visita de la Comisión de los Derechos Humanos a nuestro país dizque para verificar si la R.D. viola o no los derechos de los haitianos ilegales con motivo de la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional era una farsa, pensé que puesto que él y su padre, el doctor Vincho Castillo, se caracterizan porque en materia de defensa de nuestra soberanía jamás muestran una conducta pasiva y estereotipada sino que al contrario enfrentan esos patrones con energía inagotable, tal vez estaba exagerando.
Sin embargo, al pasar los días comprendo que Vinicito estaba en lo cierto, pues me incluyo entre los bobos que creía que esos farrucos venían a observar e indagar con sincera imparcialidad cómo es que tratamos aquí a los haitianos indocumentados y a leer sin prejuicios la sentencia 168/13, es decir, sin la atmósfera de falsedades e inexactitudes con que “los que se sacan tripa para meterse paja” de nuestro país rodearon esa decisión del Tribunal Constitucional.
En los tiempos de esplendor de Venecia durante el siglo 14, este estado, mejor conocido como “Reina de los mares”, estuvo dirigido por el poderoso Comité de los diez, a tres de los cuales los llamaban “Inquisidores del estado”, pues su función era inquirir si los ciudadanos cumplían sus disposiciones, fueran justas o injustas. Ahora, la CIDH partiendo de las falsas informaciones que le ofrecieron sus seguidores dominicanos, infiere que somos un pueblo carentes de rasgos dinámicos y de rasgos fuertes, es decir, que no tenemos sentido de pertenencia, tampoco habilidades, motivaciones y decisiones firmes para defender nuestros intereses.
De ahí, que insolentemente aprovechándose del espíritu de concordia y de vivir en paz hasta con aquellos que menosprecian y olvidan nuestra generosidad en los tiempos difíciles, vienen a inquirir si cumplimos sus órdenes al pie de la letra, de lo contrario, van a darnos “pau-pau”. Repiten en el siglo 21, lo mismo que hacían los inquisidores venecianos hace más de 600 años.
Y tal como dice el merengue que está de moda: “Lo que molesta/no es el cuerno/Lo que molesta es/ el cuchicheo.” Que esos insolentes de la CIDH supongan que los dominicanos carecemos de aquellos rasgos mencionados, nos exaspera, pero no al colmo de molestarnos, pero que algunos de nuestros inconsistentes compatriotas formen con ellos una coalición para afianzar esa creencia, sí que molesta y mucho porque de lo contrario equivale a admitir que tenemos un sentimiento de inferioridad a flor de piel.
Todavía estoy esperando que la Comisión visite el hospital José M. Cabral y Báez para mostrarle con números hasta dónde llega la generosidad de nuestro país con miles haitianos ilegales. Si no es verdad que está prejuiciada y si no es verdad que vino a montar una farsa, como dijo Vinicito Castillo, entonces es seguro que pasará por este hospital. Le mostraremos que la actitud “racista” y el “apartheid” que según ellos predominan en el gobierno y la sociedad dominicana, consiste en que durante el 2010, solo en este hospital, 20,379 haitianos recibieron atención médica gratuita pero muy costosa para nuestro gobierno. También le mostraremos que se atendieron 1,107 partos y se hicieron 548 cesáreas a mujeres haitianas sin preguntarles su estatus migratorio.
Además, que se internaron 2,152 haitianos sin que les costara un peso a ellos ni a su gobierno. ¿Qué más le diremos a esa coalición contra nuestro país? Que en 2,011, los haitianos recibieron 21,750 atenciones médicas. Que 1,365 niños hijos de haitianas ilegales nacieron en nuestro hospital y otras 799 parieron por cesáreas, mientras que se internaron 2,554 ciudadanos de esa misma nacionalidad sin pagar un peso. Es decir, un 20% de los partos de ese año fueron de niños haitianos ilegales.
Durante el 2,012, dimos 21,539 servicios médicos. Mientras 2,232 haitianos fueron internados por diferentes dolencias, 1157 haitianas parieron por vía natural y otras 523 vía cesáreas. ¿Por qué los compatriotas de las ONGs prohaitianas no les dijeron a los irrespetuosos de la CIDH que prueba de que nuestro país no es racista sino un incansable solidario con los haitianos indocumentados es que de enero a octubre del año en curso, el hospital Cabral y Báez les ha dado 20,040 atenciones médicas, que 815 haitianas han parido sus hijos atendidas por nuestro personal, a otras 435 se les han hecho cesáreas y que se han internado otros 1,805?
Aún tengo la esperanza de que la coalición venga y vea. Si no vienen, invito a los compatriotas que le hacen el juego a una conspiración geopolítica contra nuestro pueblo a que lean “Los monederos falsos” de André Gide. A pesar del agravio que cometen contra la dignidad de nuestra Nación los que nos acusan de “apartheid” del Caribe, las haitianas ilegales paren en salas con aire acondicionado, sus bebes cuando son prematuros van a incubadoras climatizadas, se administran los costosos medicamentos favorecedores de la madurez fetal y reciben todas sus vacunas; y los enfermos graves van a cuidados intensivos y cada paciente de estos tiene un costo por día para el Estado de 30 mil pesos, cosa que sucede con todos los haitianos con tétanos o septicemia que vienen directamente desde su país al hospital José M. Cabral y Báez. Eso constituye una hermosa lección de solidaridad, no casual, sino habitual. ¿Y los hipócritas de los “Derechos Humanos”, qué hacen por los haitianos pobres?
Sin embargo, al pasar los días comprendo que Vinicito estaba en lo cierto, pues me incluyo entre los bobos que creía que esos farrucos venían a observar e indagar con sincera imparcialidad cómo es que tratamos aquí a los haitianos indocumentados y a leer sin prejuicios la sentencia 168/13, es decir, sin la atmósfera de falsedades e inexactitudes con que “los que se sacan tripa para meterse paja” de nuestro país rodearon esa decisión del Tribunal Constitucional.
En los tiempos de esplendor de Venecia durante el siglo 14, este estado, mejor conocido como “Reina de los mares”, estuvo dirigido por el poderoso Comité de los diez, a tres de los cuales los llamaban “Inquisidores del estado”, pues su función era inquirir si los ciudadanos cumplían sus disposiciones, fueran justas o injustas. Ahora, la CIDH partiendo de las falsas informaciones que le ofrecieron sus seguidores dominicanos, infiere que somos un pueblo carentes de rasgos dinámicos y de rasgos fuertes, es decir, que no tenemos sentido de pertenencia, tampoco habilidades, motivaciones y decisiones firmes para defender nuestros intereses.
De ahí, que insolentemente aprovechándose del espíritu de concordia y de vivir en paz hasta con aquellos que menosprecian y olvidan nuestra generosidad en los tiempos difíciles, vienen a inquirir si cumplimos sus órdenes al pie de la letra, de lo contrario, van a darnos “pau-pau”. Repiten en el siglo 21, lo mismo que hacían los inquisidores venecianos hace más de 600 años.
Y tal como dice el merengue que está de moda: “Lo que molesta/no es el cuerno/Lo que molesta es/ el cuchicheo.” Que esos insolentes de la CIDH supongan que los dominicanos carecemos de aquellos rasgos mencionados, nos exaspera, pero no al colmo de molestarnos, pero que algunos de nuestros inconsistentes compatriotas formen con ellos una coalición para afianzar esa creencia, sí que molesta y mucho porque de lo contrario equivale a admitir que tenemos un sentimiento de inferioridad a flor de piel.
Todavía estoy esperando que la Comisión visite el hospital José M. Cabral y Báez para mostrarle con números hasta dónde llega la generosidad de nuestro país con miles haitianos ilegales. Si no es verdad que está prejuiciada y si no es verdad que vino a montar una farsa, como dijo Vinicito Castillo, entonces es seguro que pasará por este hospital. Le mostraremos que la actitud “racista” y el “apartheid” que según ellos predominan en el gobierno y la sociedad dominicana, consiste en que durante el 2010, solo en este hospital, 20,379 haitianos recibieron atención médica gratuita pero muy costosa para nuestro gobierno. También le mostraremos que se atendieron 1,107 partos y se hicieron 548 cesáreas a mujeres haitianas sin preguntarles su estatus migratorio.
Además, que se internaron 2,152 haitianos sin que les costara un peso a ellos ni a su gobierno. ¿Qué más le diremos a esa coalición contra nuestro país? Que en 2,011, los haitianos recibieron 21,750 atenciones médicas. Que 1,365 niños hijos de haitianas ilegales nacieron en nuestro hospital y otras 799 parieron por cesáreas, mientras que se internaron 2,554 ciudadanos de esa misma nacionalidad sin pagar un peso. Es decir, un 20% de los partos de ese año fueron de niños haitianos ilegales.
Durante el 2,012, dimos 21,539 servicios médicos. Mientras 2,232 haitianos fueron internados por diferentes dolencias, 1157 haitianas parieron por vía natural y otras 523 vía cesáreas. ¿Por qué los compatriotas de las ONGs prohaitianas no les dijeron a los irrespetuosos de la CIDH que prueba de que nuestro país no es racista sino un incansable solidario con los haitianos indocumentados es que de enero a octubre del año en curso, el hospital Cabral y Báez les ha dado 20,040 atenciones médicas, que 815 haitianas han parido sus hijos atendidas por nuestro personal, a otras 435 se les han hecho cesáreas y que se han internado otros 1,805?
Aún tengo la esperanza de que la coalición venga y vea. Si no vienen, invito a los compatriotas que le hacen el juego a una conspiración geopolítica contra nuestro pueblo a que lean “Los monederos falsos” de André Gide. A pesar del agravio que cometen contra la dignidad de nuestra Nación los que nos acusan de “apartheid” del Caribe, las haitianas ilegales paren en salas con aire acondicionado, sus bebes cuando son prematuros van a incubadoras climatizadas, se administran los costosos medicamentos favorecedores de la madurez fetal y reciben todas sus vacunas; y los enfermos graves van a cuidados intensivos y cada paciente de estos tiene un costo por día para el Estado de 30 mil pesos, cosa que sucede con todos los haitianos con tétanos o septicemia que vienen directamente desde su país al hospital José M. Cabral y Báez. Eso constituye una hermosa lección de solidaridad, no casual, sino habitual. ¿Y los hipócritas de los “Derechos Humanos”, qué hacen por los haitianos pobres?
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